El árbol de la vida – Obra Original

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«El Árbol de la Vida o el Presente Eterno» se erige como una obra profundamente introspectiva y simbólica, marcando el retorno de la artista a la práctica pública de la pintura tras un lapso de veinte años. Esta obra no solo celebra el resurgir de la creatividad, sino que también encapsula una narrativa rica y multifacética, reflejando el mundo interno y las experiencias vividas por la artista durante su retiro.
Elementos y Simbolismo:
La Niña en el Árbol de la Vida:
Situada en el epicentro de la composición, la niña en el Árbol de la Vida representa la interconexión eterna y el ciclo continuo de la existencia. La elección del Árbol de la Vida no es fortuita; simboliza crecimiento, renovación y la perpetua evolución del ser.
La Luna y el Sol:
La niña, sentada sobre la luna, con el sol detrás, sugiere una unión de dualidades: lo celestial y lo terrenal, lo consciente y lo subconsciente. Esta posición equilibra lo efímero y lo eterno, insinuando un equilibrio cósmico.
El Hacedor y la Hacedora:
A su izquierda, el «hacedor» con el bastón de mando prehistórico evoca la sabiduría ancestral, un guardián de conocimientos primigenios. A su derecha, la «hacedora» con otro bastón de mando, simboliza la energía creativa y protectora. Juntos, representan un equilibrio armónico de fuerzas masculinas y femeninas, acción y contemplación.
La Lechuza:
En el Árbol de la Vida, una lechuza observadora simboliza el conocimiento oculto y la percepción profunda, guardiana de los misterios naturales y espirituales que el árbol encierra.
El Mar y sus Habitantes:
Bajo el árbol, un mar vibrante con peces y olas representa la vida en su estado más fluido y dinámico, la constante transformación y el flujo vital. El mar es la encarnación de lo incontrolable y lo mutable.
La Orilla:
En la orilla izquierda, un elefante simboliza la fuerza, la memoria y la paciencia, mientras que en la derecha, unos becerros representan la inocencia y la promesa de un futuro próspero. Estos animales no solo equilibran la composición, sino que también añaden capas de significado a la narrativa de la obra.
Narrativa y Contexto:
Esta obra se aleja deliberadamente de las corrientes pictóricas actuales, proponiendo una narrativa visual que desafía las convenciones contemporáneas. La narrativa pictórica y la ilustración se fusionan para crear una pieza que es tanto una meditación sobre la existencia como una declaración de principios artísticos.
«El Árbol de la Vida o el Presente Eterno» es una exploración filosófica que invita al espectador a contemplar la armonía y la interconexión de todos los elementos del universo. Cada componente de la obra, desde los seres mitológicos hasta los animales, desempeña un papel esencial en el tejido de la existencia, creando una sinfonía visual que resuena con el pasado, el presente y lo eterno.
En esencia, esta obra es una oda a la complejidad y la belleza de la vida, una reflexión profunda sobre el papel del arte en capturar y expresar las verdades más fundamentales y atemporales.